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De Episodios

 

 
CRAP
 
 
Interludio:
 
Lluvia
 
   La música se escuchaba con claridad desde la calle, anunciando al vecindario que ese día Slash era el encargado de la limpieza. Mozart, sin lugar a dudas. La Marcha Turca, ahora que Boss y Run entraban al jardín delantero, los dos transpirados tras su corrida matinal, más agobiados por la humedad ambiente que cansados. Una vez más, Boss se maravilló de cuánto había aprendido sobre música clásica desde que se uniera a CRAP. Algo que ciertamente nunca había pensado que sucedería.
   Rodearon la casa y entraron por la cocina. Slash, el pelo atado y vistiendo sólo sus boxer, pasaba el trapo en el piso del estar tarareando con entusiasmo la música. Los otros dos se detuvieron a llenar sus botellas de agua y volver a dejarlas casi vacías, se descalzaron y siguieron hacia sus habitaciones. Run notó de inmediato que la única puerta que permanecía cerrada era la de Trash.
   — Bañate primero —le dijo a Boss, deteniéndose a la salida del estar, y se volvió hacia Slash, que alzó la vista al escucharlo. Él señaló en silencio el dormitorio de la chica, el otro se encogió de hombros.
   — Seguirá en "su" día... —dijo, restándole importancia.
   Run asintió levemente y llamó a la puerta cerrada. No obtuvo respuesta.
   — Trash, soy yo...
   Al no escuchar ruidos a través de la música, probó el picaporte. No estaba trabado. Asomó la cabeza dentro del cuarto. Las pesadas cortinas oscuras estaban cerradas, y al interior del cuarto sólo llegaban unos rayos vacilantes de luz desde los bordes de la ventana. Sintió el olor a humo estancado. Distinguió la figura sentada en medio de la cama revuelta, los brazos rodeando las rodillas, la cabeza apoyada en ellos. Trash no se movió cuando él entró y cerró la puerta a sus espaldas. Los ojos claros clavados en la pared frente a ella, el cigarrillo consumiéndose entre sus dedos.
   Run sorteó el caos de ropa y CDs tirados, puso la silla del escritorio junto a la cama, se sentó a horcajadas, tomó otro largo trago de su botella, se cruzó de brazos sobre el respaldo de la silla armándose de paciencia.
   Trash no estaba bien. Desde que la atacaran en el Parque se había estado comportando más y más huraña y esquiva. No habían vuelto a cruzarse con los Sterne y Rover les había llevado trabajo bastante fácil en esas dos semanas, de modo que la chica había podido recuperarse sin inconvenientes de sus magullones. Pero en los últimos días le había dado por pasar la mayor parte del tiempo encerrada en su cuarto. Apenas salía para comer o ir al baño, y a la noche se iba, sin volver hasta entrada la madrugada, dejando invariablemente sin respuesta cualquier pregunta acerca de donde había estado.
   — Trash... —el acento de Run era más bien tentativo—. Creo que es hora de hablar un poco...
   Ella no demostró haberlo oído siquiera. El cigarrillo se había consumido y apagado entre sus dedos. Run ahogó un suspiro y apoyó el mentón en su brazo estudiándola, preguntándose qué estaría pasando por su cabeza. Los minutos transcurrieron en el mismo silencio pesado, aplastante. En algún momento Trash tiró la colilla al suelo y prendió otro cigarrillo, que después de un par de pitadas se consumió solo como el anterior.
   Run comenzaba a evaluar sus alternativas cuando un gesto de la chica reclamó su atención. Su ceño estaba más fruncido y había encajado las mandíbulas. Pero lo más llamativo era el brillo de sus ojos en esa penumbra vacilante, como si estuvieran húmedos. De pronto apretó los párpados y deglutió, para volver enseguida a su extática contemplación de la pared frente a ella. Run inspiró hondo, se paró y salió sin ruido del cuarto.
 
* * *
   Boss dejó enfriar el estaño con el que había soldado los cables y alzó la vista hacia Run, que acababa de sentarse al otro lado de la mesa con aire meditabundo. Slash entró en ese momento desde la calle con dos bolsas del supermercado y de camino a la cocina se acercó a ver qué hacía.
   — ¿Otra radio para el negocio del viejito ese?
   Boss asintió sonriendo.— Sip. Ya no tiene pulso para estas cosas, el pobre, así que se las hago yo.
   — Deberías cobrarle. Puede seguir tomando trabajos gracias a vos. Al final le hacés todo.
   — Debería pagarle yo a él. Me mantiene ocupado y entretenido.
   — ¡Con esas radio de museo! Si vinieras conmigo al negocio del Pez la pasarías mejor... ¿No le tocaba a Trash cocinar?
   — Dejá, yo me encargo del almuerzo —terció Run distraído.
   — ¿Y a qué te voy a acompañar? No entiendo nada de música, y la verdad me aburre verte seducir quinceañeras con la excusa de enseñarles a tocar Escalera al Cielo.
   La sonora risa de Slash llenó el ambiente mientras le alcanzaba un vaso de cerveza helada.
   — Qué hacerle si para ellas yo resulto ser su Escalera al Cielo... —se inclinó hacia él sonriendo burlón— ¿Celosa?
   Boss agitó una mano para apartarlo riendo también.
   — ¡Salí, querés! ¡Prefiero mis radios a galena! A propósito, echale una ojeada a ésa y decime qué puede ser lo que no anda, me tuvo de cabeza toda la mañana...
   Run los contemplaba en silencio, dejando que sus bromas se fundieran con lo que venía dando vueltas en su cabeza desde que viera esas lágrimas en los ojos de Trash, un par de días atrás. Se paró y se dirigió a la cocina en silencio.
 
* * *
   Las nubes habían avanzado desde el río durante la tarde, y al anochecer habían vuelto a cubrir el cielo con su nueva amenaza de lluvia. Trash cruzó el Parque haciendo caso omiso de los suspiros y susurros de las parejas en cada banco. Llegó hasta la rotonda central con su inmensa fuente de varios metros de alto. Era el único lugar del Parque bien iluminado y desierto a esa hora. Se sentó en un banco frente a la fuente, fumó con la vista perdida en las estilizadas siluetas de granito, sus sonrisas congeladas, sus gestos casuales detenidos para siempre, atrapados en el capricho de algún escultor del siglo pasado.
   Empezó a llover. Ella hundió las manos en los bolsillos y la cara tras el cuello de la campera. No buscó refugio bajo los árboles. Ni siquiera pensó en volver a la casa, donde seguramente Slash y Boss se preparaban para su salida de sábado a la noche, mientras Run trataba de estudiar a pesar de la música a todo volumen y los eventuales gritos de pieza a pieza.
   Las gotas resbalaban por su pelo y por su cara, trazos fríos y fugaces. Idénticos a los que se deslizaban por las esculturas de la fuente. Lluvia y agua del surtidor que caía junta en la inmensa pila circular, dibujando efímeros arco iris al saltar ante los reflectores inferiores. Hubiera querido fumar. Ahogó un suspiro cerrando los ojos. Tal vez debía volver.    Al fin y al cabo, Rover había avisado que les llevaría trabajo en cualquier momento. No era buena idea engriparse. Lo que menos necesitaba era tener que volver a tolerar la conmiseración solapada de los otros tres. Pero tampoco se estaba tan mal ahí. El sonido monótono aunque rítmico de la fuente y la lluvia, el aire frío y quieto...
   — Mi vieja solía decir que la lluvia es un espejo del alma...
Se irguió sobresaltada y miró a ambos lados, se volvió a reclinar contra el respaldo de piedra en silencio. Run rodeó el banco y se sentó junto a ella. Permanecieron los dos largo rato con los ojos perdidos en la lluvia sobre la fuente, hasta que Trash carraspeó.
   — Y... ¿y por qué decía eso...?
   Run sonrió de costado, la vista fija en una sirena con su cántaro.
   — Porque la sentimos según cómo es nuestro ánimo del momento.   Triste, refrescante, romántica, solitaria, aburrida, reconfortante... Pero la lluvia es sólo eso... lluvia... Agua cayendo...
   Otra larga pausa se impuso.
   — Mi vieja siempre estaba demasiado dada vuelta para decir cosas así... —murmuró Trash luego—. Pero me acuerdo que una vez, después de una resaca peor que de costumbre... casi termina en el hospital... ella...
   Run volteó para enfrentarla por primera vez, instándola a terminar. La chica frunció el ceño y respiró hondo. — Me... me dijo que más allá de todo, al final la vida es lo que cada uno de nosotros hace de ella...
Run asintió lentamente, pensativo. Fingió no advertir los esfuerzos que hacía Trash para no mostrar abiertamente sus emociones. La dejó tomarse su tiempo para recuperarse. Al fin y al cabo, ése era un lugar realmente agradabe, con sus luces y la fuente irguiéndose frente a ellos. Y con o sin lluvia, ésa era una noche agradable para estar ahí. Notó que la respiración de Trash ya se había normalizado y esbozó una sonrisa vaga.
   — Siempre me acuerdo de esa frase cuando llueve —dijo a media voz, con su acento de siempre, sereno y cálido—. Sobre todo cuando me siento solo y me da por salir a caminar como hoy...
Trash lo miró de soslayo, alzando una ceja con un gesto de incredulidad. Run lo notó y rió por lo bajo, una risa breve pero sincera.
   — En serio. No salí a seguirte ni a buscarte. No me di cuenta que estabas acá hasta que casi me choqué con tu banco... —volvió a contemplar la fuente encogiéndose de hombros—. Pero... no sé... tampoco me molesta haberte encontrado...
   Volvieron a quedarse en silencio, sin mirarse, uno junto al otro. Sin que mediara un gesto o una palabra, Trash inclinó la cabeza hasta apoyarla en el hombro de Run. Sin que mediara un gesto o una palabra, Run rodeó los hombros de Trash con su brazo. La lluvia seguía cayendo, sobre ellos y sobre la fuente. No había viento que dispersara las nubes. Seguramente llovería hasta el día siguiente.